














































































































He tenido una vinculación extraña con la música. Primero, como espectador pasivo en mi casa de la infancia. Luego, como bailarín quinceañero , enfocado en bailarlo todo para quedar solvente ante las muchachas de mi liceo y mas tarde, como integrante de una agrupación vocal, donde conocí las variaciones del pentágrama, así como la mezcla de vicisitudes que pueden generarse dentro de un grupo numeroso; tanto las alegrías colectivas como la gama de bajezas que puede generar un roce no bien conducido entre un grupo de más de 40 personas: zancadillas, intrigas,crueldades etc. Afortunadamente , este segundo aspecto no privó en la calidad musical, pero si hizo mucha mella en el reformulamiento de esta agrupación y por ende, del alma de sus integrantes.
Asumido como fotógrafo descubrí la otra relación: persiguiendo conciertos para hacerle fotos a músicos que me gustaban , viviendo una experiencia de tour citadino para encontrarles.
Así me hice nocturno.
Entre concierto y concierto conocí a la Danza y el Teatro.
De todo esto estoy retirado, aquí algunos momentos de entonces.
Asumido como fotógrafo descubrí la otra relación: persiguiendo conciertos para hacerle fotos a músicos que me gustaban , viviendo una experiencia de tour citadino para encontrarles.
Así me hice nocturno.
Entre concierto y concierto conocí a la Danza y el Teatro.
De todo esto estoy retirado, aquí algunos momentos de entonces.

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