jueves, 22 de octubre de 2009

Por el placer de ver lo que se escucha


























































































































He tenido una vinculación extraña con la música. Primero, como espectador pasivo en mi casa de la infancia. Luego, como bailarín quinceañero , enfocado en bailarlo todo para quedar solvente ante las muchachas de mi liceo y mas tarde, como integrante de una agrupación vocal, donde conocí las variaciones del pentágrama, así como la mezcla de vicisitudes que pueden generarse dentro de un grupo numeroso; tanto las alegrías colectivas como la gama de bajezas que puede generar un roce no bien conducido entre un grupo de más de 40 personas: zancadillas, intrigas,crueldades etc. Afortunadamente , este segundo aspecto no privó en la calidad musical, pero si hizo mucha mella en el reformulamiento de esta agrupación y por ende, del alma de sus integrantes.
Asumido como fotógrafo descubrí la otra relación: persiguiendo conciertos para hacerle fotos a músicos que me gustaban , viviendo una experiencia de tour citadino para encontrarles.
Así me hice nocturno.
Entre concierto y concierto conocí a la Danza y el Teatro.
De todo esto estoy retirado, aquí algunos momentos de entonces.

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